el día de mi muerte

miro,
-como el que se mira
hacia adentro-
tras mis ventanas con vistas
al cementerio,
el patético y faulkneriano
cortejo fúnebre.

zapatos negros,
empachados
de barro
hasta la náusea;
los paraguas danzan,
todos negros;
los niños quedaron
en casa o en el coche,
no es digno
el espectáculo.

el curilla va apretando
el paso,
<<también es mala pata
morir
con este tiempo>>.

el viento arrecia
y arranca
los vestidos, los peinados
de las mujeres que no lloran
la muerte
de este tipo.

el personal hojea
indeferente
la sección
obituarios.

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