el futuro era esto

la muchacha se zambulló en la fuente,
sus incipientes senos de púber ocultos
tras su llamativo bañador fucsia,
en busca de las pocas monedas
que canjean los cándidos deseos
de los turistas incautos.

la madre, la abuela, o lo que fuera,
con aires de madame, de proxeneta o esclavista
iba, desde fuera, atesorando los hallazgos,
y la escena tenía algo de épica,
de triste reflejo de la crisis transmutado
en exóticas y sensuales
—pero también sórdidas—
buscadoras
de perlas
del pacífico.

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