cumpleaños vigesimosexto

acababa de bajarme de un árbol

de la calle toro, o la zamora,

no recuerdo,

cuando apareció la policía,

y yo gritando, como un corsario

hasta arriba de ron —con cocacola—,

«más madera».

 

el guindilla del primer coche

patrulla, con sed de hostias,

bajó la ventanilla y me inquirió

amablemente, si tenía algún problema,

mientras yo me hacía el loco

y una antigua novia aprovechaba

para despedirse a la francesa.

 

la cosa no pasó a mayores

pero bajé ya solo a aquel garito.

nadie se atrevió a aguantarme el ritmo,

o intuían quizás que aquella noche

no podía acabar bien para mí,

y no querían ser testigos.

 

allí me presentaste a tu amiga,

que no dejó de darme

el coñazo toda la noche

con misticismos y paridas,

y tú acabaste por enfadarte

curiosamente conmigo y no con ella.

 

discutimos de vuelta a casa,

hasta que a la salida de la plaza

se me vino abajo el mundo,

también mi farsa, aunque suene

redundante, lo mismo una cosa

que la otra.  entonces me besaste.

 

fue la primera vez.

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