también el amanecer

cuando era un crío, me fascinaba la hora del alba,
era algo sagrado, casi prohibido,
algo
nunca visto.

recuerdo haberle pedido a mi padre,
en la víspera de algún viaje,
me despertara con él para verlo,
mientras mi hermano seguía durmiendo.

nos recuerdo a los dos,
viendo salir el sol,
por sobre los edificios,
(pues nuestra terraza daba al sur)

nada épico, la verdad,
pero aquel sol nonato era lo infinito
la libertad,
un resquicio del mundo adulto.

ahora, me levanto todos los días
antes que el sol,
y amenece mientras conduzco,
me ducho

o preparo el desayuno.
no subo la persiana siquiera,
es algo monótono, cotidiano,
carente del mínimo interés.

existe, eso sí,
un puñado de auroras
vacacionales, que nos sirven
para no perder la esperanza
o la cordura, nada más.

y sé que, algún día, tendré que sentarme
delante de mi hijo
para pedirle que no crezca, y explicarle
que a los adultos nos lo robaron todo,
también el amanecer.

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