1ª Parte. El Abuelo Fausto. Capítulo III

-¿Qué decir cuando ya está todo dicho? En esta época prosaica no queda sitio para grandes historias, cartas, coordenadas polares ni astrolabios, anaqueles de cuentos, ni islas ni tesoros, caminos de Santiago u odiseas lejanas. La historia de la humanidad se ha resumido tantas veces en saudade, cafard, blues menor o cante jondo… ¿Una novela? ¿los grandes temas intemporales? Caín, Aqueronte, Heráclito, Julieta.
-Sí, pero quizás aún quepan innovaciones de estilo. El impresionismo, el paisaje a través del autor o el personaje, su concepción psicológica a través de cuanto le rodea. Si llevamos todo eso un paso más allá…
-Todo inventado, Gustave. La abstracción poética, el costumbrismo, la musicalidad y el modernismo, la locura convertida en letras. Genialidad en prosa y verso. La pintura alcanzó la perfección hiperrealista y el invento de la fotografía supuso una vuelta a los orígenes, a Lascaux y Altamira. Chamanismo, cubismo, arte africano, orientalismo, surrealismo, pasión pura, irracional, violenta, dionisíaca. Las vanguardias todas, llevadas a la literatura y qué tenemos. Nada, historias difuminadas en ácido y THC. Y todas vienen a ser hijas bastardas de una misma madre, el dadaísmo. Ese es el punto de partida, el no retorno, cortejar y fecundar el dadá y concebir una vanguardia, tu vanguardia. Si persistes en la locura de ser escritor ese debiera ser tu camino. Tienes talento y sé que, aunque sea frustrante, no te iría mal si siguieses con el periodismo.
-La única razón por la que sigo trabajando para el periódico es porque el señor Serra le debe algún favor a papá. No pierde la ocasión de recordármelo. Nada de lo que hago le gusta.
-Pamemas. Eres bueno y tienes estilo. Ahora bien, tu prosa cínica y afilada le es bastante incómoda a la línea del periódico. Si no le gusta y le debe favores a tu padre tendrá que aguantarse.
-Hasta que se canse.
-Hasta que se canse, bien. ¿Cuál es el problema? Hace un momento eras tú el que hablaba de dejarse llevar y no desaprovechar las oportunidades, y yo el que te recordaba que lo único que aúna a la gran mayoría de los escritores notables es el hambre. Si se cansa, te buscas otra cosa. Y mientras tanto sigues con tus ambiciones literarias. La literatura no da de comer, Gustave. Busca un empleo que te permita vivir con dignidad, aún diría más, con elegancia y te deje tiempo libre para dedicarte a lo que te gusta.
-Igual la dignidad y la elegancia se acaban convirtiendo en grillos y cadenas.
-Pudiera ser. Vívelo, vive el lujo y la elegancia, luego aborrécelos por haber matado a tus musas, reniega de aquello en lo que te has convertido, madurar es claudicar, por supuesto. Y, si tienes valor, rompe esos grillos. Enamórate, sufre el desengaño y vuelve a enamorarte. Vive Gustave, primero vive. La literatura se nutre de la vida y no al revés. Para escribir hay tiempo.
-Y mientras vivo, ¿podré seguir escribiendo?
-De eso se trata. No te digo que renuncies a escribir, digo que no conviertas a la literatura en tu única tabla de salvación. Las letras son traicioneras y vivir como un anacoreta es absurdo. Vive, experimenta el placer, las mujeres, el sexo, la pasión y el sufrimiento, la traición y el desengaño, etc. Y, mientras lo haces, pule tu estilo. Lee, empápate de los clásicos. ¿Cuáles son tus referencias, tus autores de cabecera? ¿Quienes te han abierto la mente y han hecho dar la vuelta a tus convicciones?
-Baroja, el Delibes de campo, Saramago, Nietzche, Hesse, Cortázar…
-Hay una gran distancia entre Baroja y Cortázar.
-Digamos que Baroja es un tempranillo y Cortázar un cabernet sauvignon.
-Sorprendente imagen, con sinestesia incluida. Va a resultar que tienes talento, hijo. Al final voy a tener que alentarte. ¿Y cuál es el estilo que buscas?
-No creo que una narración tenga que definirse en un marco estilístico concreto. Se puede jugar, ir de la narración objetiva a las imágenes oníricas.
-Según mi punto de vista no existe la narración objetiva. La objetividad es para los objetos y ellos, por desgracia, no tienen la capacidad de contar historias. Desde el mismo momento en que eliges un adjetivo sobre otro, aparentemente sinónimos pero con sutiles matices, distintas connotaciones, que van desde la disposición de los fonemas al sonido global enmarcado en el resto, o la raíz de la que proceden…
-De acuerdo, pero me concederás que hay diferencias entre Blasco Ibáñez-Galdós y Baudelaire-Rimbaud.
-O Cortázar.
-O Cortázar o Verlaine o Proust. Lo que quiero decir, volviendo de tu acotación a pie de página, es que a veces la historia, o simplemente tu estado de ánimo en ese momento, tira de ti hacia una prosa más prosaica, si me permites la licencia, mientras que en otros el paisaje o los objetos toman vida y se convierten en personajes, incluso protagonistas, al mismo tiempo que los individuos se animalizan o cosifican, convirtiéndose en decorado.
-También admiras a Valle-Inclán.
-Profundamente. Pero hay más, el juego no acaba ahí. El recurso metaliterario, el subjetivismo llevado al extremo, el autor conversando con los actores en mitad del acto.
-La nivola. ¡Mientras vivan las novelas pasadas vivirá y revivirá la novela. La historia es resoñarla! Yo ya no creo en ese Ave Fénix, supongo que el escepticismo aumenta con la edad, la filosofía de la sospecha, ¿entiendes? Los juegos son entretenidos, la relación platónica del autor con su creación, las novelas puzzle, en que las piezas pueden ordenarse a capricho y cada una nos da una visión más del conjunto, los personajes poliédricos, la psicología del escenario y los objetos, la descripción del personajes a través de sus actos o su pensamiento, las brillantes opiniones del autor en voz en off. La técnica al fin y al cabo. Pero la clave de arco, la dovela central, está en el contenido. Uno no puede perderse en la retórica, en los juegos de estilo y los tropos, efectos especiales con que llenar las carencias de la trama. Necesitas un buen argumento, aunque sea él quien te lleve a ti, como un caballo salvaje, hasta que aprendas la técnica de la doma de historias. Y sea como fuere, la única fuente para una buena historia es tu propia experiencia. Puedes inspirarte en muchos autores, pero únicamente lo que hayas vivido y sufrido en primera persona sonará creíble. No tengas miedo a los cambios, aprovéchalos, de todo se aprende, siempre se aprende, yo mismo estoy aprendiendo de ti. El sufrimiento y el pecado son necesarios si se quiere alcanzar la felicidad o la virtud. Se puede aspirar a las metas más elevadas pero hay que bajar primero a los abismos, a los más recónditos infiernos de uno mismo. Conocerse a uno mismo, ese manido lugar común, no es más que conocer dónde están tus verdaderos límites, en la soledad y el desconsuelo del desamor, en el odio y las más bajas pasiones, en los celos y la venganza. Tan bajo como caigas, tanto como puedas llegar a odiarte, a ti y a los demás, así retomarás un día el vuelo, libre del deseo amordazado. La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella, que decía Wilde. No dejes de aprender, mejor dicho de aprehender, porque un día suena el Finis Tragediae irremisible y nada puede evitarlo. Pero del mismo modo, nada ni nadie puede arrebatarte lo vivido. Esa es la única y auténtica lección de literatura que puedo legarte.
La luz silenciosa de un mediodía de invierno acariciaba los lomos de la extensa colección de volúmenes que componían la biblioteca. Fausto y su nieto quedaron momentáneamente mudos, como digiriendo la última sentencia. Al fin, Gustave rompió el hechizo.
-Deberíamos bajar a comer o la abuela nos va a matar.

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